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Crítica

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Javier Ávila

Ha sido divertido

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Lucía Rivero
Galería Adriana Suárez


    - Suena “sway” y suena todo lo que hay en el espacio, todo lo que nos rodea, suena el propio espacio, música que invita a un baile perezoso, sincopado. Movimientos inconexos que, poco a poco nos van enredando, uniéndonos en un epílogo de fiesta, cuando todos han marchado. El momento de vernos sorprendidos por la luz del sol.



- Las calles tienen un aspecto de resaca y alcohol, de gritos y ruidos, de sonidos de tacones insoportables para los pies maltrechos, tacones que cuelgan de los dedos de la mano, mientras caminan en busca de un merecido descanso. Ha sido divertido.

Las calles despiertan bajo la sordina de los escobones del servicio de limpieza, bajo el agua de las mangueras que intenta retirar los restos de la noche, construyendo un paisaje de dunas de basura, de inmundicia, de mierda. Montañas de historias acabadas antes de iniciarse, de abrazos y bailes tribales.

Los montículos de colores se arremolinan entre el asfalto y los bordillos de las aceras, recordándonos lo que ha ocurrido. Algunas veces no hacemos nada.

Un crío pasa ante nosotros con una gran bola de serpentinas enredadas sobre su cabeza. Sobre él el festejo y sus restos.



-    La chica de información dice algo sobre “nubes?, cenizas?, volcanes?...”
pienso que qué coño tiene ésto que ver con mi vuelo?. Me da  perezón sólo el pensar pasar la noche con la cabeza sobre la mochila, con los pies hinchados. Quiero llegar a casa.

Mi amiga me mira entre la condescendencia, la comprensión, la sonrisa y el agobio, al fin y al cabo me quedaré en su casa.

Todos mis planes a tomar por culo. Tendré que empezare a enviar sms y mails a medio mundo, como excusas o tranquilizantes.

Ámsterdam no es un mal lugar para una estancia prolongada inesperadamente.



-    Bajo a la calle como todas las mañanas, hago el recorrido habitual, a la
misma hora de todas las mañanas, son los mismos pasos de todas las mañanas, no necesito ni levantar la vista, podría hacerlo con los ojos cerrados.

Paso junto al estanque y miro el agua. El agua no está. En su lugar el paisaje más desolador que uno pueda imaginar a estas horas de la mañana. El agua ha desaparecido con la excusa de una limpieza supongo, donde había agua ahora se encuentra toda la porquería que ésta ocultaba mostrándose sin pudor, sin el menor atisbo de vergüenza.
Los posos decantados en el fondo mezclados con objetos perdidos y olvidados. No hay monedas. Cosas que cuentan en tu cabeza relatos de juegos, de historias, de encuentros y desencuentros. Redes tejidas con pequeños hilos de apariencia inconexa. Las risas y las conversaciones se escuchan en el fondo del estanque como un eco.

Mi impulso es rescatar el juego, reponerlo en el lugar precioso donde se detuvo, procurar que pueda ser continuado.



    - I Can´t Wait for Something Beautiful to Happen. No podemos esperar que nada bonito nos pase. Soplo desesperadamente con la ilusión de cambiar las cosas. Deseo pensar que las cosas pueden ser de otro modo. Esa ilusión se puede mantener mientras tenga la energía suficiente de seguir insuflando aire. Tengo que intentar no desfallecer en el intento. No puedo esperar que ocurra nada bonito, me resisto a aceptarlo.



    - En la plaza la gente despertaba para afrontar un nuevo día de lucha y conversación en las asambleas, intentar poner un poco de orden en las ideas y en el modo de trasladarlas, de hacerse entender, de hacerse ver.

Pasados los días todo se fue recogiendo, con la idea de haber cumplido un papel y un deber, volviendo a la normalidad, que no al conformismo y otra vez igual.

En el balcón quedó una pancarta olvidada. Esos días se dijeron muchas cosas, y pasaron muchas más por las cabezas de todos nosotros. En la tela se podía leer:

“de aquí no me muevo”



-    1-2-3-4-/  1-2-3-4-/  1-2-3-4-/  1-2-3-4-/……..
Dentro de un calendario imposible se mezclan asientos contables y la repetición a imagen y semejanza de una rutina, eterna y monótona. Aburrida. Nos movemos en automatismos que retratan a quienes les pertenecen. Tampoco sé si me retrata a mí o a lo que los  demás esperan de mí. Quizás todo está fuera de control, o no.





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