AJIMEZ ARTE

Crítica

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Luis Feás Costilla

Juegos pirotécnicos nada artificiales

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Publicado en La Voz de Asturias

Noches eléctricas. Arte y Pirotecnia.
Laboral Centro de Arte (Gijón). Miércoles a lunes, de 12 a 20 horas.
Hasta el  12 de septiembre.


En un principio, Laboral Centro de Arte y Creación Industrial malgastó la pólvora y sus numerosos recursos en fuegos de artificio, muy brillantes y espectaculares pero que se agotaban tras el primer destello. Sólo después, al cabo de dos años desde su apertura, se dejó de salvas y comenzó a apuntar en la dirección correcta, con exposiciones como la colectiva There is no road, comisariada por Steven Bode y primer intento serio de arraigar la propuesta en el paisaje en el que está inserto el centro de arte, o la titulada El pasado en el presente y lo propio en lo ajeno, cuyo comisario, Juan Antonio Álvarez Reyes, realizó el esfuerzo de integrar las premisas locales en un contexto más amplio, con artistas de la tierra interpolados con artistas de fuera, en una exposición sobre la memoria histórica llena de cargas de profundidad. Mientras, se produjeron algunos cambios, como la sustitución del primer comisario jefe de Laboral, el austriaco Erich Berger, que se encontró ahogado en su propia incomunicación, por el franco-norteamericano Benjamin Weil, mucho más abierto a las relaciones y al entorno políglota, algo imprescindible para un centro de arte un tanto descolocado y fuera de lugar.
    Al currículum de Weil se le exigía la posesión de una red de contactos internacionales en el ámbito de las artes visuales y la creación industrial contemporánea que demostró con creces en la exposición Pasajes. Viajes por el hiperespacio, realizada el año pasado con fondos de la Colección Thyssen-Bornemisza Art Contemporary y un buen ejemplo de lo que puede dar de sí el tipo de arte, tecnológico y procesual, que defiende el centro cultural gijonés. Y lo vuelve a demostrar ahora en la colectiva Noches eléctricas, hecha mano a mano con los responsables del Centro Pompidou de París. Bajo el subtítulo, más explícito, de Arte y pirotecnia, la exposición supone un recorrido entretenido y a veces deslumbrante por la obra de aquellos artistas que han hecho del fuego, la luz impresionada y los rótulos nocturnos el foco de su atención, desde la inaugural película de 1928 de Eugène Deslaw a los más recientes y esculturales dibujos de luz de Anthony McCall, un poco perdidos en su propia niebla. Brillan por sí solas las proyecciones e instalaciones del chino Cai Guo-Qiang, la francesa Ange Leccia o el español José Antonio Sistiaga, entre otros nombres más conocidos, en un montaje limpio y bien adaptado a los espacios de Laboral que prescinde de barreras arquitectónicas que hagan de cortafuegos.

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