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Crítica

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Luis Feás Costila

Estrellas instantáneas en el centro Niemeyer

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Publicado en La Voz de Asturias

Con todos mis respetos a Niemeyer, que me parece un arquitecto maravilloso y fantástico, no creo que haya pensado mucho en que este edificio sirviera para hacer muchas exposiciones, va a ser complicado”. Estas palabras de Carlos Saura, en referencia al espacio expositivo conocido como la Cúpula, en el que las paredes no sólo son curvas sino que además están inclinadas, explican muy bien lo que es el Centro Niemeyer de Avilés: una arquitectura increíble que no se atiene, salvo en su plaza abierta, al fin para el que ha sido hecha. El acierto indiscutible del contenedor, obra de artista, no se corresponde con la funcionalidad requerida y lastra poderosamente los contenidos, en los que por otra parte prima el famoseo, que tantos réditos le está dando a la promoción del centro. Basta con que uno sea famoso para que pueda desplegar allí sus aficiones: el cantautor viene como pintor, el cineasta como clarinetista, el actor de Hollywood como arquitecto. Hasta el propio Niemeyer se estrena como dibujante aficionado, en un garabato cerámico que estropea la limpidez del conjunto. Quizá se les esté halagando para conseguir de ellos algo de mayor sustancia posteriormente, pero por ahora toda la programación anunciada se centra en eso y la sensación que produce es un tanto frívola y superficial.
A Carlos Saura, conocido director de cine y fotógrafo, se le ha dado por ejemplo la ocasión de plantear una exposición temática de un asunto que le obsesiona, la luz, fundamental en su trabajo. Y lo que ofrece no es una propuesta creativa sino más bien didáctica, que además no se adapta del todo a las dificultades del espacio mencionado. Tras un prometedor arranque muy cinematográfico, la exposición se pierde en un innecesario afán divulgativo más que visual, lleno de cachivaches interactivos que apenas funcionan a poco de su inauguración. Si de lo que se trata es de hablar de arte, habrá que fijarse más bien en la itinerante de Julian Schnabel, abierta en el hall del auditorio (para exposiciones menores). El famoso norteamericano, conocido como musculoso pintor y proteico director de cine, se presenta en Avilés… como fotógrafo, artista instantáneo. Aparte de la presencia del autor en el montaje, el único aliciente es la vistosa técnica utilizada, una máquina polaroid de placas enormes, pues todo lo demás son tomas anodinas del entorno cotidiano del artista, además de retratos de algunos amigos integrantes, como él, del star system. Más interés tiene la serie de los locos, al final de la cual se coloca él mismo, pero son fotos robadas y reproducidas de una colección antigua. Hay que confiar en un centro que ha podido traer a Avilés maravillas como La tempestad o el concierto de Yo-Yo Ma, pero por estas exposiciones, desde luego, no merece la pena pagar hasta ocho euros.

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