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Juan Carlos Gea

De orígenes y transformaciones

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Publicado en La Voz de Asturias

Para un escultor no hay nada más retador que un espacio complejo, un espacio donde de verdad te puedas lucir. Cuando consigues que la magia entre lo que haces y el espacio se produzca en lugares así, eso supone un plus de satisfacción”. Según sus propios criterios, Clara Carvajal (Madrid, 1970) puede estar satisfecha: pocos espacios tan complejos y retadores como las naves fabriles al borde de la quinta de Peñafrancia, en Deva, donde se ha asentado ATM Contemporary, el proyecto que hereda y prolonga la larga aventura de la galería gijonesa Altamira. Y seguramente pocos escenarios tan a propósito para que, en contacto con ellos, la escultura de la madrileña desprenda toda su poderosa evocación de unas emociones que tienen que ver, a la vez, con la presencia, en efecto, casi mágica de los orígenes y con la sofisticación del concepto; con la inestabilidad de los estados de la existencia y con la persistencia de aquello que se las arregla para seguir vivo a través de las transformaciones.
En ese entendimiento reside la energía de Combustión , título bajo el que Carvajal ha reinterpretado una parte sustancial de su obra de los últimos años; trabajos tan distintos como puedan serlo los estados de cualquier proceso vivo: superficies de madera en forma de puerta sobre las que ha dibujado la luz del sol junto a ventanas ciegas de una depuración geométrica exquisita; troncos masivos que, en un ambiguo juego de escalas, oscilan entre el cuerpo animal y el paisaje; intervenciones en madera cruda que evocan zócalos ruinosos junto a piezas que cubren el suelo con la textura orgánica de la piel de encuadernar; círculos abiertos, definidos mediante maderas quebradas a unos metros de círculos cerrados que concentran el vértigo de los pozos... Una variedad que sorprende. Pero no más de lo que pueda soprender “la propia varie dad de las cosas que existen en el mundo”.
“Todo lo que ocurre es emocionante, y lo es en distintos estados y momentos. Pero por debajo de las diferencias, siento que todo es parte de una misma historia; una historia que, como la vida, se sabe dónde y cómo empieza pero no en qué acaba”, aclara la escultora. En esa reflexión deberían de quedar subrayados esos dos últimos interrogantes -”dónde” y “cómo”-, puesto que en su obra está muy presente tanto la indagación sobre lo originario como acerca de “los medios que empleamos los hombres para fabricar las cosas”, desde el lenguaje hasta la tecnología o los procesos intelectuales. Particularmente significativos resultan, a estos efectos, los laboriosos dibujos realizados sobre grandes planchas de madera utilizando una lupa que concentra la luz solar en un proceso en el que la intervención humana “simplemente la de un filtro, un medio”. Además, para una escultora que defiende que “la escultura es ante todo dibujo”, se trataba de conseguir un procedimiento en el que “dibujar no fuera algo impuesto al material, sino algo que de verdad perteneciera al material mismo” como le pertenecen esas quemaduras que Carvajal describe como “llagas o heridas” en la piel de la madera.

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