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Jaime Luis Martín

Espacios para el desacuerdo

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Publicado en La Nueva España



Nuevos Centros Culturales para el siglo XXI en España. Consenso y conflicto
Jorge Fernández León
Edita: Aecid

En las últimas tres décadas se han puesto en funcionamiento, la mayoría por iniciativa pública aunque no falta la apuesta privada, numerosos centros culturales, decididos a asumir riesgos en sus propuestas para abrir espacios a una producción menos conocida, apostando por generar discursos locales y acercar los globales para, de esta manera, dar «visibilidad cada vez mayor para la cultura, sus procesos y productos». Estos nuevos centros representan el nuevo institucionalismo cultural y sus prácticas críticas, su modo de estimular la participación cultural y su capacidad para asumir proyectos complejos, les convierten en un referente para los agentes y productores culturales. El libro Nuevos Centros Culturales para el siglo XXI en España. Consenso y conflicto, un trabajo de investigación de Jorge Fernández León, editado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), explora dieciséis de estos centros culturales que forman un significativo paisaje de la cultura española.

Jorge Fernández León se refiere a los orígenes de la política cultural española tras los logros alcanzados en la Segunda República, buceando en las aguas plomizas de la posguerra civil, en el tiempo de consenso que facilitó la llegada de la democracia, con los municipios como impulsores de centros culturales abiertos a los vecinos, «espacios para la participación ciudadana y fuentes de legitimación democrática», que siguen promoviendo experiencias creativas locales.

Aunque muchos de los nuevos centros culturales exhiben sus particularidades y diferencias como un signo de identidad, para el autor hay varios componentes comunes en el cemento conceptual que los sustenta. La visión del proyecto más allá de lo inmediato, buscando entender la realidad y proponiendo estrategias transformadoras; eligiendo su espacio local y recabando la complicidad de los interlocutores que lideran dinámicas del territorio; aceptando el conflicto y la gestión del desacuerdo como un elemento de transformación; desarrollando una política común proactiva que facilite la formación de creadores y usuarios, la investigación y el desarrollo de proyectos, además de la distribución de la creación; atendiendo a lo próximo y generando un mapa de conocimiento local; expresando la voluntad de cooperación con proyectos de formatos híbridos que incluyan a tecnólogos, científicos y pensadores locales, capaces de ampliar los campos de experiencia; y, por último, la valoración de las nuevas tecnologías pero sin confundir los medios con los fines.

La publicación no puede reducirse a un simple catálogo de las visiones y prácticas de cada uno de los centros culturales seleccionados y aunque la aproximación no puede ser exhaustiva, dada la diversidad de temas y preocupaciones, el texto tiene vocación de mostrar «la variada topografía que son los nuevos centros culturales españoles, de su diversidad y ambiciones, a través de imágenes y textos que representan al menos algunas de las facetas más destacables». Los centros incluidos en el estudio son el Bòlit Centro de Arte Contemporáneo en Girona, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) en Sevilla, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, Centro Cultural Montehermoso en Vitoria-Gasteiz, Centro Párraga en Murcia, Centro Galego de Arte Contemporánea (GGAC) en Santiago de Compostela, Espai d'art comtemporáni de Castelló (EACC), Fundación NMAC Montenmedio Arte Contemporáneo en Cádiz, La Casa Encendida en Madrid, Laboral Ciudad de la Cultura en Gijón, Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), Matadero en Madrid, Museo Español e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) en Badajoz, Museo de Arte Contemporáneo (MUSAC) en León. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) en Madrid y Tabakalera en San Sebastián.

Vivimos en unos tiempos difíciles, también para la cultura, arrinconados por un pensamiento único y acrítico, con una crisis económica que se ha establecido en nuestras vidas y amenaza con quedarse para siempre, obligándonos a racionalizar el gasto. Con la cultura asumiendo un papel relevante, convertida en escenario «donde se tensan -según Gerardo Mosquera- las luchas y negociaciones del poder», como elemento esencial en el desarrollo del entorno y de los sectores periféricos, resulta imprescindible la aproximación a estos nuevos contenedores culturales capaces de generar espacios críticos en un mundo que no deja ni rincones para la disidencia. Esta experiencia les obliga a revisar los discursos, situarse en una travesía continua y asumir las tensiones como algo inevitable en su devenir. Cómo se enfrentan a estos desafíos los distintos centros culturales, con sus dudas, dificultades y diferentes estrategias se configura en una parte esencial de este trabajo, que, por otra parte, nos permite acercarnos a la creación de identidades culturales en este inicio de milenio en una España que se muestra diversa y rica en propuestas.

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