AJIMEZ ARTE

Crítica

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Ángel Antonio Rodríguez

Una incipiente colección

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Las 65 obras de 52 artistas que ocupan las tres plantas del Barjola suponen una excelente ocasión para admirar a jóvenes artistas asturianos que apenas se exponen en el Museo

 

Publicado en El Comercio




Título: ‘Arte asturiano contemporáneo en el Museo de Bellas Artes de Asturias’

Comisario: Alfonso Palacio.

Lugar: Museo Barjola (Trinidad, 17). Gijón.

Finaliza: 12 de junio.

Horario: Martes a sábado, 11.30 a 13.30 y de 17 a 20 horas. Domingos, de 11 a 14 horas.

Artistas: Chechu Álava, José Carlos Álvarez Cabrero, Fernanda Álvarez, Irma Álvarez Laviada, Rinaldo Álvarez, Ruth Álvarez Valledor, Agustín Bayón, Laura Blanco, Paco Cao, Maite Centol, Mario Cervero, Rosario Cimas, Soledad Córdoba, Carlos Coronas, Beatriz Corredoira, Chus Cortina, Isabel Cuadrado, Julio Cuadrado, Jacobo de la Peña, Pablo de Lillo, Marta Fermín, Jorge Jovino Fernández, Daniel Fernández Jove, Hugo Fontela, Angélica García, Federico Granell, Ramón Isidoro, Kely, Lara+Coto, Lisardo, Germán Madroñero, Pablo Maojo, Santiago Mayo, Benjamín Menéndez, Rebeca Menéndez, María Mieres, Marcos Morilla, Noelia Pañeda, Natalia Pastor, Javier Riera, Jaime Rodríguez. Jezabel Rodríguez , Faustino Ruiz de la Peña, Avelino Sala Fermín Santos, Guillermo Simón, Carlos Suárez, Cuco Suárez,Gabriel Truan, María Vallina

 
A  grandes males, grandes remedios. El Museo Barjola, que se había quedado sin presupuesto para desarrollar este año sus exposiciones temporales, alberga desde ayer una amplia selección de obras procedentes del Museo de Bellas Artes de Asturias. La colaboración puntual revitalizará al centro gijonés durante la primera mitad del 2011, y supone una excelente ocasión para admirar a jóvenes artistas asturianos que apenas se exponen en el museo ovetense. Bajo el título ‘Arte contemporáneo asturiano en los fondos del Museo de Bellas Artes de Asturias’ la exposición ocupa la Capilla de la Trinidad y las dos primeras plantas del Barjola, con 65 obras de 52 artistas nacidos en las décadas de 1960, 1970 y 1980, todos aún en activo, salvo el malogrado Germán Madroñero (Oviedo 1961–1994).

La selección continúa la línea de revisión de los fondos de arte contemporáneo abierta hace tres años en el Museo de Bellas Artes por Alfonso Palacio, colaborador asiduo del centro y profesor de la Universidad de Oviedo, que también es comisario de esta nueva muestra. Aquí, Palacio habla de artistas «con un elevado grado de formación, un interés por contactar con distintas modalidades creativas, un fuerte deseo de experimentación y un conocimiento del medio no sólo regional, sino nacional e internacional, que ha permitido muchas veces su proyección más allá de nuestras fronteras».

En los últimos años (apoyado, sin duda, por ese entusiasmo de Alfonso Palacio) el Museo de Bellas Artes ha incrementado su apoyo al arte contemporáneo con nuevas adquisiciones. Cierto es que, desde su fundación oficial (1980) el centro había venido adquiriendo trabajos de artistas vivos y organizando exposiciones individuales o eventos como la Bienal Nacional de Arte Ciudad de Oviedo (hoy inexistente) que en 1992 ya hizo una gran revisión de las nuevas generaciones bajo la dirección de Javier Barón. Pero ahora, la atención al arte actual se está estructurando en el museo ovetense con más regularidad, con ensayos y exposiciones como esta, donde el comisario ha logrado encajar los desiguales fondos del centro y donde Ramón Isidoro ha planteado un atractivo montaje que permite admirar la alternancia metodológica y el eclecticismo propio de las respectivas etapas.

Evidentemente, no están todos los que son. En esta incipiente colección de arte contemporáneo asturiano hay muchas lagunas generacionales que (esperemos) se cubran poco a poco, tras la esperada ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias. Pero si que son todos los que hay y, por tanto, la exposición merece la pena. En cuanto a disciplinas, sobremanera la pintura, con hermosos ejemplos y grandes formatos. El diseño expositivo trata de seguir criterios cronológicos, dedicando la primera planta a los nacidos en los sesenta y la segunda a los más jóvenes, con la excepción de la planta baja. Aquí, dos grandes e impactantes pinturas del enigmático Luis Vigil y del esencial Javier Riera proponen un efectivo diálogo entre figuración y abstracción.

Además, entre el ‘hall’ del museo y la Capilla de la Trinidad se han distribuido las hermosas composiciones de luz artificial de Carlos Coronas, los juegos conceptuales de Avelino Sala, los vibrantes volúmenes de Benjamín Menéndez, los extraños montajes de Rinaldo Álvarez, las ‘ironías’ pintadas por Mario Cervero y Cuco Suárez y las esculturas móviles de Laura Blanco. En la pared frontal de la entrada se expone también una cuidada serie fotográfica de Soledad Córdoba, una de las primeras jóvenes que recibió beca de EL COMERCIO por su participación en la Semana Nacional de Arte Contemporáneo AlNorte. Otros ‘ex-becarios’ de AlNorte (Maite Centol, Rebeca Menéndez y el colectivo Lara+Coto) exponen en las plantas superiores sus ya conocidas pinturas, fotografías y animaciones digitales.

Con excepción de las citadas firmas, la primera y la segunda plantas del Barjola atesora un cúmulo de pasiones dominadas por la buena pintura, armonizando distintas tendencias. Hay, por tanto, variantes que presentan muchas posibilidades de la abstracción postpictórica, alternándose los recursos líricos, el expresionismo gestual, la racionalización del espacio, los juegos geométricos, la austeridad matérica y la sutilidad cromática de Irma Álvarez-Laviada, Hugo Fontela, Angélica García, Kely, Lisardo, Santiago Mayo, María Mieres, Jacobo de la Peña, Carlos Suárez, Guillermo Simon, María Vallina, Javier Victorero o el propio Ramón Isidoro. Pero también abundan los guiños figurativos, con atractivas miradas que armonizan las luces norteñas y los ecos de ciertas vanguardias, el dibujo certero, las referencias a la arquitectura o un renovador instinto ‘pop’, en distintos frentes que van de Chechu Álava a Pablo de Lillo pasando por una enorme heterogeneidad (Fernanda Álvarez, José Carlos Álvarez Cabrero, Ruth Álvarez Valledor, Agustín Bayón, Daniel Fernández Jove, Federico Granell, Jorge Jovino, Faustino Ruiz de la Peña, Gabriel Truan, Carlos Suárez).

Ejemplos múltiples, como ocurre con la obra gráfica (Marta Fermín, Beatriz Corredoira, Fermín Santos), con los pocos fotógrafos seleccionados (Julio Cuadrado, Marcos Morilla, Jezabel Rodríguez) o con las ‘rarezas’ realizadas, en su día, por Paco Cao, Chus Cortina y Natalia Pastor. Hay, finalmente, algunos ejemplos que se debaten entre la escultura y la instalación (Charo Cimas, Pablo Maojo, Noelia Pañeda) y solamente hay una obra en vídeo (del polifacético e inquieto Jaime Rodríguez) que, junto a la animación digital de los citados Santiago Lara y Beatriz Coto, aportan los únicos soportes audiovisuales. Una muestra, ante todo, testimonial, que nos confirma la buena salud del arte actual en Asturias y la necesidad de que el Bellas Artes siga ampliando y mejorando sus adquisiciones en este ámbito.





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