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Juan Carlos Gea

Descarga de luz y color en la calle Oscura

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José Piñar fusiona improvisación y técnica en su festiva y colorista muestra individual en la galería ovetense Lola Orato

Publicado en La Nueva España
«Podéis considerar estas pinturas como una descarga, en cualquier sentido de la palabra que se os pueda ocurrir». Desde su mismo título, «Descarga», José Piñar (Granada, 1967) invita a acercarse de este modo a la exposición que estos días exhibe en la galería ovetense Lola Orato. Los primeros sentidos que se le ocurren al espectador tienen que ver, naturalmente, con las acepciones más comunes de la palabra; de manera que desde el principio se tiende a considerar el estallido controlado de pintura que Piñar expone en la sala de la calle Oscura como el testimonio plástico de cierta liberación o exoneración; de un acto que alivia -también en cualquier sentido de la palabra- de algún tipo de carga. Pero también hay acepciones mucho menos usuales a las que pueden apuntar directamente estas «descargas» del pintor granadino. Por ejemplo, esa modalidad de la música cubana que consiste en una apabullante improvisación en directo y que popularizaron músicos como Cachao. Y aun una acepción más, que los asturianos -sobre todo los de Cangas del Narcea- conocen muy bien: la del disparo simultáneo, festivo y apabullante, de un buen número de artefactos pirotécnicos. 

Los papeles de «Descarga» tiene mucho de estas dos últimas acepciones, en el sentido más noble de lo improvisatorio o de lo pirotécnico: una muestra del dominio deslumbrante y colorista de un instrumento que se conoce al dedillo, y un gozoso espectáculo de luz y color obtenido mediante la liberación de determinadas energías. Para quien conozca la trayectoria de Piñar -uno de los más personales exponentes españoles de la vigencia de la pintura como lenguaje plenamente contemporáneo-, su individual de Lola Orato aparecerá seguramente como una suerte de compendio de lo hecho en exposiciones anteriores; y, al tiempo también como un desenvuelto divertimento personal que, no obstante, no pierde a ojos del espectador ni un ápice de su potencia y su elocuencia. 

Quizá la mejor muestra de ello sean los dípticos que trasponen al formatos considerables la misma ligereza y fluidez de las pequeñas acuarelas en las que se basan, y en las que la mirada se puede encontrar tanto con una verdadera montaña rusa de trayectorias y sinuosidades como con estructuras rotundas y estables, fondos negros cruzados por inmaculadas líneas blancas o remansos de color que, a veces, flotan como líquidos o masas gaseosas sobre «lugares» -de paisajes- que merecen propiamente el nombre de tales. 

En resumidas cuentas, la pintura de José Piñar en «Descarga» contiene y aviva todos sus rasgos inconfundibles: la destreza técnica en el control del color y la luminosidad, del dibujo a gran escala y de los azares de la mancha; la personalísima convivencia de lo construido con lo gestual; la composición rigurosa; la superposición de planos y la riqueza de las transparencias; el juego de «traducción» de los códigos de la imagen digital, en cualquiera de sus formatos, a los venerables códigos de la pintura que no deja de ser puramente pintura en ningún momento? Pero todo ello servido en esta ocasión mediante una ejecutoria -o esa es la impresión que se transmite en el efecto final- en la que la improvisación prevalece sobre el control y en la que como sucede en los grandes del jazz o de la descarga cubana lo que se percibe es una invitación envolvente al disfrute directo, tanto del artista como del receptor de su arte. Y, para el primero, además, una puesta a punto de primer orden de sus destrezas y sus instrumentos.



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