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Crítica

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Juan Carlos Gea

Diez paisajes desde la tercera ventana

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Publicado en La Nueva España, visto en Materia parva


El pensador Paul Virilio describió metafóricamente la pantalla video-televisiva como una ventana -la tercera-, abierta en nuestro ámbito doméstico. Una ventana que, a diferencia de la puerta y la ventana en sí misma, no conecta lo real con lo real, sino lo real con lo virtual a través de la imagen electrónica. Lo que para él y para otros muchos apocalípticos era, desde el ascenso de la televisión, un síntoma del colapso de nuestra civilización, para los artistas más avezados se transformó a partir de la comercialización de las cámaras de video portátiles en una nueva herramienta. Una herramienta que casi instantáneamente generó un nuevo tipo de arte, y cuyo primer cometido fue volverse críticamente contra lo que se nos administraba masivamente desde la tercera ventana: sus contenidos, su ideología, sus códigos, incluso su técnica.
Casi medio siglo después de la comercialización del primer portapack de Sony, Laboral repasa con espíritu didáctico algunos de los paisajes a los que los videoartistas han ido abriendo esa tercera ventana: diez calas en cinco décadas que, más que una antología de autores, lo es de los modos en que el videoarte ha ido articulando sus conceptos, sus objetivos y sus procedimientos al hilo mismo de la evolución de los medios de masas y las tecnologías. Historias cinéticas, comisariada por Lori Zippay e integrada por obras de la colección del Electronic Art Intermix, constituye ante todo una buena iniciación a un medio todavía bastante distanciado del gran público en España; y lo hace en el marco de un programa que, bajo el título Universo Vídeo, ha convocado a distintos comisarios internacionales en el marco de la Mediateca Expandida del Centro de Arte: una de las apuestas más flexibles y atractivas de Laboral, en cuyos planteamientos se está dejando notar la mano de su comisario-jefe, Benjamin Weil.
Aun así, Historias cinéticas tiene también mucho de pequeña gran antológica en sí misma. Basta con comprobar que, entre los autores seleccionados –todos ellos norteamericanos o afincados en Norteamérica-, se encuentran referencias absolutas del videoarte como los pioneros Nam June Paik, Bruce Nauman, Dara Birnbaum o Pipilotti Rist. Cada uno de ellos encarna un enfoque distinto, procedimientos diversos y, sobre todo, la orientación de la tercera ventana hacia una vista completamente diferente del cambiante panorama de la cultura de masas en cada momento histórico. Aunque siempre con un denominador común: el afán de utilizar como instrumento crítico, experimental, reflexivo y exploratorio aquel mismo medio que, en lo ideológico, ha servido masivamente para lo contrario.
La recopilación Video-film Concert (1966-72) de Paik y Jud Yalkut representa una primera etapa de descubrimiento gozoso, juego con las tecnologías, collage, improvisación lúdica e investigación. Nauman vuelve la cámara hacia sí mismo, hacia su propio cuerpo, y la convierte en una suerte de prótesis performativa, prefigurando la excelente relación que ha tenido el video con la performance, la escultura, la instalación, la danza... Lip Sync (1969) es un buen ejemplo de ello, y del modo en que Nauman utiliza la repetición y los pequeños desajustes imagen-sonido para hacernos cobrar conciencia del medio (un poco como cuando repetimos una palabra o una acción cotidianas y las convertimos en algo extraño, ajeno), dando testimonio de nuestra claustrofobia mediática.
El espíritu del underground y del radicalismo político norteamericano alimentó las experiencias del colectivo Raindance, que en Media Primers (1971) usa el vídeo como registro experimental y azaroso para recoger un concierto de Rolling Stones, unas imágenes televisivas de Nixon o unas palabras del activista Abbie Hoffman. Del mismo año, pero con un espíritu completamente distinto, es el maravilloso Songdelay, de Joan Jonas: una especie de ballet entre el juego infantil y la coreografía del absurdo que se desarrolla en los suburbios de la depauperada Nueva York de los setenta.
El distanciamiento autoconsciente y la ironía propios de la década siguiente, y también el discurso feminista y anticapitalista, atraviesan Pop Pop Video (1980), de Dora Birnbaum, que se apropia y distorsiona la cháchara televisiva: el culebrón, la retransmisión deportiva, el telefilm policiaco, los anuncios. Por su parte, Pipilotti Rist (de la cual Laboral también exhibe estos días una maravillosa videoinstalación en la colectiva Pasajes), dirige su atención en I’m not a girl who misses much a un género específicamente ochentero –el videoclip- y a la música pop (Happiness is a warm gun, de The Beatles) para construir uno de sus extraños y desquiciados videopersonajes femeninos.

Lo político, lo médico, lo íntimo y lo puramente tecnológico conviven en las dos piezas de la década de los noventa: Strange space (1992), de Leslie Thornton toma el sida como punto de partida, mezclando la voz del actor Ron Vawter al recitar la Primera elegía duinesa de Rilke, imágenes del interior del cuerpo y de la superficie lunar. Por su parte, en Host (1997), Kristin Lukas crea una abigarrada superposición de imágenes relacionadas con a las redes sociales, los videojuegos y nuestra dependencia emocional, quizá ya patológica, de internet.
Finalmente, las terceras ventanas abiertas al presente son las de Takeshi Murata y el tándem Harry Dodge-Stanya Kahn, que muestran una generación para la que la distinción entre real y virtual ya no significa apenas nada. El primero destroza en Monster movie (2005) las imágenes de una película de monstruos de serie B en un proceso de destrucción de códigos que, curiosamente, remite a los experimentos de Paik y –más atrás- hacia la pintura abstracta. Y en Masters of None (2006), Dodge y Kahn se valen del vídeo como medio transparente con el que fabular relatos entre grotescos y siniestros de la vida familiar en los suburbios unifamiliares de la era Bush. Imposible no ver, a pesar del aparente absurdo, el terror de Abu Grahib y otros terrores contemporáneos detrás de sus granguiñolescas imágenes.

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