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Juan Carlos Gea

La música de las texturas

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La primera individual de Alejandro Romero confirma el interés de la galería Adriana Suárez por aportar nuevos nombres al panorama artístico asturiano

Publicado en La Nueva España

Lleva pintando desde siempre, pero sólo ahora -en un período de remanso y reflexión al cabo de sus 31 años de vida bien aprovechada, viajada y exprimida- Alejandro Romero ha encontrado el momento para entregarse con plena dedicación al ejercicio de la pintura. De ella dejó ver una pequeña muestra en la colectiva que el pasado mes de julio inauguró la andadura de la galería gijonesa Adriana Suárez; y ahora, como muchos de sus compañeros y compañeras en aquella muestra de apertura, le ha llegado el turno de ensamblar su primera individual en la misma sala; una exposición que es, también, en su caso estreno absoluto y que confirma el interés de la galerista gijonesa por inyectar en el censo artístico asturiano savia nueva, provenga de donde provenga. Incluso, como es el caso, de áreas al margen de los circuitos más esperables; puesto que, aunque puede considerarse a Alejandro Romero un pintor autodidacta y desligado de los circuitos académicos y artísticos convencionales, comparte con su hermana -la modelo Blanca Romero, coleccionista y ella misma aficionada a pintar- el interés por el arte y el contacto con el ambiente artístico en ciudades como París o Tokio, en las que ha residido temporalmente. 


Pero eso quizás es lo de menos. Lo de más se reparte en la treintena de piezas de «Texturas», título que unifica todas las obras de la muestra y confirma su carácter de serie, juego de variaciones a partir de un repertorio deliberadamente básico de elementos que, no obstante, va más allá de las meras texturas a las que el autor ha querido dar el máximo protagonismo conceptual: una base rugosa de cemento, látex y otros materiales; manchas de pigmento de óxido de hierro; figuras geométricas -círculos y distintos tipos de cuadriláteros- y una sencilla paleta de acrílico en cuatro colores aplicados sobre las figuras o bien generosamente vertidos.

Ése es todo el vocabulario plástico que Romero despliega sobre tabla o lienzo, consiguiendo tensar una dialéctica interna en cada uno de los cuadros entre las simetrías compositivas, el rigor geométrico, la sensualidad de las bases y la expresividad azarosa de los vertidos; y otro discurso, este transversal, que recorre todas las piezas de la exposición y admite una clara analogía con los ritmos, melodías y armonías de una composición musical. Conjuntos como el políptico de doce pequeños cuadros que ocupa uno de los rincones más luminosos de la galería evidencian la pertinencia de ese «factor musical», que se deja extender al resto de una muestra en la que conviven en una llamativa complicidad evocaciones del suprematismo y el constructivismo, el informalismo y la abstracción lírica.

No todos los árboles artificiales son de Navidad en estos días. Los que pueblan desde hace unas fechas, y hasta el día de Reyes, la pequeña e hiperactiva Sala LAi, en el corazón del barrio playu de Cimadevilla, corresponden en realidad a la «plantación» de una serie de instalaciones concebidas ex profeso por parte de un nutrido grupo de artistas; todo un bosque de creadores de todas las especies convocado por el comisario Klaus van Damme: Begoña Muñoz, Iván Fernández, BLAS, Ausin Sainz, Xaro Sánchez, KSO, Jon Philipson Brown, Alfredo Colunga, Rocío Pinín, Nel Amaro, Natalia Fernández Rodríguez, José Suárez, Cristina Fernández, Luis Menéndez de Luarca, Carmen Vázquez Fuentes, Carlos Pérez, María Castellanos Vicente, Adrián Zorzano, Inés Fernández, Nacho González, Ana Isabel Arce Ruzo, Joan Priego, Lucas Santiago, Mario Martínez, Susana Villanueva, Alberto Valverde, Daniel Diéguez y Luis Pineda.

Cuesta concebir que sus aportaciones, en todos los medios y con todos los registros concebibles del arte contemporáneo, puedan caber en el espacio y, aún más, dejarse ver a través de la ventana que, abierta a la castiza calle del Rosario, invita a atisbar su interior. Y, sin embargo, ahí están; y con una acción navideña añadida de Nel Amaro. Lo mejor es dejarse caer por la página web de la sala (www.luzernario.org), desde donde se puede obtener información sobre los encuentros de artistas y posibilidades de visita al interior, previa cita, a un «salón de Navidad» completamente distinto a cualquier otro.

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