AJIMEZ ARTE

Crítica

Daniel Castillejo

Cultura o barbarie

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Publicado en el Blog Artium

Este comentario, esta aguja, trae el hilo de los últimos acontecimientos en el mundo de la cultura y el arte y más en concreto de los anunciados cierres tanto de la Fundación José Guerrero en Granada como de Chillida Leku, en Hernani, Gipuzkoa. Sin entrar en sus detalles, quizá sea ésta la parte más visible, la punta de un iceberg que se hunde en la gelatina viscosa de la omnipresente crisis.

Antes que estos centros, muchas galerías de arte, han ido bajando definitivamente la persiana, algunas históricas y otras menos, y esto es un dato objetivo que a veces se justifica, según algunos cínicos a los que les va bien, por la supuesta y necesaria purga que la situación demanda. No podemos ser tan necios porque un poco más abajo, en las profundidades, se encuentra un ovillo de museos, galerías, editoriales, revistas de arte, artistas, todo tipo de actividades culturales,  acorralados, heridos con mayor o menor gravedad que al parecer están condenados a esperar su turno para engrosar la esquelética extraoficial de bajas. Éste es un sector que nunca ha estado consolidado del todo, por lo que cualquier golpe más o menos severo lo desbarataría totalmente.

No sé si algún día sabremos los datos reales de esta sangría en la que chapotea el mundo de la cultura, que según informaciones de 2008, aportaba un 3,07 del PIB, más que sectores tan importantes como el energético (2,56 %) y casi lo mismo que la agricultura, ganadería y pesca (3,77 % del PIB)…El censo de aquel año recogió la existencia de 149.216 empresas culturales (museos, fundaciones, galerías de arte, editoriales, bibliotecas, teatros…), que daban empleo al 7,8 % de la población activa (1.108.884 personas), no sé si llegaremos a tener todos los datos de las voluntades rotas que no se pueden contabilizar, de quienes no engrosan ninguna estadística porque intentan compaginar el querer vivir con la vida misma.

Pero lo cierto es que está ocurriendo algo más grave que la helada cifra del desastre y lo peor es que, jaleados por la larga fila de dígitos y por aquellos que mencionan lo absurdo del alto coste del humo, de la nada, de la cultura como en apariencia algo intangible para la sociedad, caemos sin darnos cuenta en la dinámica infernal del pesimismo, del sentimiento de culpa por no ser productivos, del eterno complejo de inferioridad de la cultura. Ésta es la razón por la que, a pesar de su importancia cuantitativa en pérdidas y también ganancias, el peligro es otro y nadie habla de ello: sencillamente, nos acercamos a la barbarie. Corremos el riesgo de convertirnos, más si cabe, en una sociedad de insectos, o dicho de otra manera, la pérdida de musculatura de la cultura nos acerca al extrañamiento del Tiempo Histórico y a la ausencia de conciencia histórica. Éste es el abismo al que nos asomamos. Las comunidades de termitas, de hormigas y de otros animales asociados, a pesar de su alto grado de organización, de su eficacia como grupo estructurado, carecen precisamente de ese sentido histórico, que sólo es aportado por la cultura. Ya no vale hablar sólo de la gestión del conocimiento, de innovación, de industria cultural o de cualquier otra noción tantas veces citadas hoy en día, es preciso distinguir entre sociedad y civilización y aquí, en este flanco debilitado es donde se está golpeando con más contundencia.

La tumefacción se manifiesta en la pérdida del concepto, no de crecimiento, sino de progreso integral, en la descalificación de nociones como idealismo o utopía, convertidas en anacronismos, casi tan imposibles como los paraísos religiosos, sin tener en cuenta que sólo son los edificios que la especie humana desearía construir, el lugar hacia dónde avanzar.

Por esta razón, sólo estaremos poniendo rostro humano a la barbarie, sin modificar su esencia, si no somos capaces de iniciar un proceso de reflexión en el que los sectores que son capaces de precisar la diferencia de lo humano, han de ser cuidados con mimo, como si también nos fuera la vida en ello, como el respirar, como el comer o como el vivir con dignidad.



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