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Juan Carlos Gea

Un vacío germinal

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Kely Méndez Riestra muestra su pintura «más libre y más minuciosa»l «Esenc&al», arte contemporáneo en la Universidad




Publicado en La Nueva España



 Como informan los blancos y los negros absolutos que se abren en el fondo de sus nuevos cuadros, Kely Méndez Riestra empezó a pintar la obra que expone desde hoy en la galería Gema Llamazares «vaciando la mente» y lanzándose «sin miedo» a ocupar ese espacio desnudo, absolutamente disponible. De ahí el título de las nuevas creaciones de la pintora ovetense: «Un hueco en el vacío». Un hueco que, en efecto, Kely ha pintado como quien salta «en el vacío»; pero dejándose caer con el pertrecho, a las espaldas, de toda la intuición, la técnica y el sentido del descubrimiento acumulados a lo largo de sus años de ejercicio. Y ocupando, además, el vacío a cámara lenta: disfrutando en cada pincelada, sorprendiéndose literalmente del modo en que las posibilidades abstractas de una superficie en blanco (o en negro) pueden ir cuajando en pintura; en una obra de la que su autora dice que es «la más libre y a la vez la más minuciosa» que ha ejecutado «en mucho tiempo». 

Al espectador, al margen de todo esto, la obra de «Un hueco en el vacío» le puede sugerir un proceso más visual: Kely ha despejado un campo, ha lanzado allí unas semillas y ha visto cómo germinaban, cómo el espacio pictórico se le iba llenando de tallos, hojas e inflorescencias, como una pared tomada por la vegetación. Aunque en un primer momento puede sorprender el remarcable quiebro figurativo respecto a su obra más reciente, en realidad Kely está escribiendo con el mismo léxico y la misma sintaxis un texto diferente. Los filamentos, nódulos y ramificaciones que evocaban paisajes microscópicos, campos de neuronas o de microorganismos, han cambiado a una escala macroscópica y ahora construyen minuciosas marañas botánicas en verdes, platas, dorados, blancos o púrpuras que se enredan en la base del cuadro y luego se elevan, penden, ocupan una parte del espacio sin llegar a poblarlo del todo. No son bodegones florales, sino paisajes (y de hecho, el paisaje reaparece explícitamente como fondo en una de las obras), y al tiempo grandes registros expresivos de una escritura pictórica en los que se puede rastrear la intensidad y la delicadeza de cada gesto original de la pintora. Y también, en sus pinturas sobre papel, el modo obsesivo y absorto en el que Kely se ha entregado a libérrimo «encaje de bolillos» de trazos, filamentos y manchas casi licuadas. 

No es infrecuente que el arte contemporáneo, en su afán de analizarse a sí mismo y trepanar la obra en pos de sus esencias, acabe dejando atrás el vínculo con la sensibilidad del espectador (y al espectador, con ella). «Esenc&aL», el sugestivo proyecto que estos días ocupa la sala de exposiciones del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo intenta hacer ver (y oír, y leer) entre otras muchas cosas que no es preciso sacrificar las sensaciones al concepto; más bien todo lo contrario. Y además, lo hace apelando a la hibridación de lenguajes artísticos, en una «tierra de nadie» donde se mezclan y unifican la imagen material e inmaterial, el sonido, el texto literario y, por descontado, el concepto y el cuerpo. El esfuerzo minuciosamente coordinado de los artistas Jaime Rodríguez y Begoña Muñoz y Jaime Luis Martín, poeta y crítico de arte en LA NUEVA ESPAÑA, bajo comisariado de Klauss van Damme, ha creado una pieza única que es también un entorno: un territorio en el que la reflexión se produce por la pura inmersión. La performer Christian Herrera fue la primera en habitar este entorno rico en estímulos, que permanecerá abierto hasta el 13 de diciembre para incitar, según sus creadores, a «analizar cómo se han modificado las nociones de tiempo y espacio como consecuencia de los sistemas interactivos y fusiones que se han ido desarrollando en la práctica artística más reciente». Pero diciéndoselo, antes que al cerebro, al cuerpo y a sus sentidos. 

Algo tiene la obra del aragonés Roberto Coromina que seduce a los jurados asturianos. Apenas unas semanas después de haberse alzado con el segundo premio del «Casimiro Baragaña» en Pola de Siero, el pintor ha conseguido el primero en el certamen de pintura covocado anualmente por la Junta General del Principado. Y lo ha hecho con una obra de la misma serie que la presentada al galardón poleso: «Pintura #23», una espectacular pieza que presidirá, como es costumbre, durante unos días la escalinata del palacio parlamentario regional, rodeada del resto de las 19 obras seleccionadas para la muestra que se inaugura esta tarde. En «Pintura #23», Coromina -un pintor al que siempre le ha interesado llevar la pintura más allá de sí misma y sus convenciones bidimensionales- emplea todo su virtuosismo técnico en la construcción de un paisaje geométrico empleando la línea, los ritmos, la composición y una paleta de colores muy limitada. 

Además de esta «Pintura #23», el jurado -que integraron Cristina Fontaneda, Kosme de Barañano y Emilio Marcos Vallaure- seleccionó otras 19 obras de Irene Palud, Guillermo Simón, Emilio González Sainz, Manuel Saro, Teruhiro Ando, Irma Álvarez-Laviada, Pablo Iglesias, María Carolina Andrada, Barrial, Jezabel Rodríguez, Mónica Dixon, María Carolina Andrada; Ana Esther García de la Fuente, Assaf Iglesias, Raquel Miranda y Dis Berlín. Todas ellas se exhibirán en la Junta General entre los días 4 y 18 de diciembre, de 18 a 21 horas.



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