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Javier Ávila

Arte joven dos mil diez

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veintiuna edición de la muestra de artes plásticas del principado de asturias de dos mil diez
Sala Borrón. Oviedo

Con un montaje un tanto confuso, debido a las dimensiones de la sala en relación a número de obras y las diferencias discursivas entre ellas, la veintiuna edición de la muestra de artes plásticas del principado de Asturias de dos mil diez, tal y como aparece el enunciado en la contraportada del estupendo catálogo editado para la ocasión, nos vuelve a mostrar una selección de los trabajos realizados por las nuevas hornadas (alguno de los artistas no tan nuevos) de creadores de la región.
Comenzando por el magnífico acierto que supone haber otorgado el premio de esta edición a la obra de Alicia González-Lafita, una instalación que bajo el título “Hooke vs.  Newton” presenta una instalación concebida para la Council Room de la Royal Society de Londres, institución a la que ambos científicos pertenecieron, planteando una reflexión sobre los desacuerdos mantenidos entre ellos y sus diferentes teorías referentes a la formación de los colores y la luz, todo ello presentado en modo de artilugio mecánico que trata de hacer coincidir en un mismo lugar los resultados de las conclusiones de ambos. Mecanismo perfectamente resuelto visual y conceptualmente.
Un artista que repite en esta convocatoria y que supone una de las líneas de investigación más sólidas y prometedoras de nuestro panorama, Adrián Cuervo, nos muestra un díptico en formato vídeo donde se alternan imágenes de oleajes y presencias de personas que nos lleva a un maremágnum de evocaciones, recuerdos, vivencias, aventuras y realidades más o menos afortunadas.
Lucía Rivero nos sorprende con el desparpajo de moverse en diferentes disciplinas y soportes con la misma frescura y capacidad de generar imágenes inquietantes, una suerte de experimentaciones pictóricas que nos hace preguntarnos qué ocurre en el paraje, donde una aparente tranquilidad nos lleva a sospechar que algo está por ocurrir, y no pinta nada bien, o un vídeo igualmente inquietante donde la imagen de un pollo sacrificado se hace acompañar de las frase el “show debe continuar”…
Interesante el trabajo de acción presentado por Noemí Iglesias Barrios, todo un viaje a las raíces, bajo el hilo conductor de un relato resuelto en infantil caligrafía que recorre los caminos y los habitantes de su entorno próximo, que aparece garabateado en las paredes de espacios habitados en un pasado y da pie a la parición de un elemento escultórico, supongo que resuelto con restos encontrados en estos lugares, que constituye una invasión desconcertante, algo que no pertenece a esa realidad, o sí.
Esta misma descontextualización la encontramos en las imágenes llenas de clasicismo en su factura de Iraida Lombardía Alonso, una serie de naturalezas muertas que esconden un relato en su interior, bellísimas instantáneas que nos cuentan historias, camufladas y escondidas en esa aparente calma.
El resto de la nómina que conforma la Muestra la completa Noé Baranda y su serie fotográfica “un metro cuadrado de tristeza”, los delicados collages de  Manuel Griñón y las reconocibles piezas pictóricas de Santiago Lara, en esta ocasión sin hacerse acompañar de Coto, la otra mitad del colectivo Laramascoto.


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