AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Juan Carlos Gea

Canogar, doble regreso

0 comentarios

Amancio González y las formas humanas de la madera l Adriana Suárez y Lola Orato, los nuevos espacios expositivos en Gijón y Oviedo


Publicado en La Nueva España



De todos los integrantes del Grupo El Paso, Rafael Canogar (Toledo, 1935) ha sido uno de los más inquietos y dados a la exploración de nuevos lenguajes y formatos, en un permanente intento de sintonizar con los tiempos (los históricos y los artísticos) que le ha llevado frecuentemente a desbordar la pintura más allá de sí misma. Ahora, medio siglo después del movimiento que reconcilió el arte español con el espíritu de las vanguardias, Canogar inaugura en su obra una nueva etapa que es a la vez un regreso: el retorno al territorio de la pura pintura y a los valores de autonomía formal que sustentaron la aventura del informalismo. Así lo proclama la obra reunida en la individual Espacios de la pintura, que constituye, a su vez, el regreso del artista a la Sala de Arte Van Dyck, cuatro años después de su primera exposición en la galería gijonesa. 

«Creo que ha tocado el momento de rescatar el espacio de la pintura, recuperar su dimensión poética y metafórica, su capacidad de ilusionarnos, de enamorarnos, de vibrar de nuevo», afirma Canogar, que, sacando energías quizá de la nostalgia e incluso de un cierto hastío, reformula esa declaración de principios en un lenguaje pictórico inédito en él: una fórmula que mantiene un ojo en su propia evolución anterior y pone el otro en determinados registros de la pintura europea contemporánea. Así, los elementos constructivos, los cromatismos planos y las texturas rugosas y anfractuosas de su etapa precedente se ven ocupados o borrados por la presencia de cremosas masas de óleo peinado en las que el azar determina finalmente las mezclas de color: una pintura que establece un tenso diálogo entre rigor intelectual y sensualidad expresiva y que en formatos tales como los papeles deriva hacia una espiritualidad casi mística. Todo -precisa Canogar- para «retomar el hilo del discurso de la pintura pura, nada más que de la pintura y su capacidad de comunicación». 

La carne del árbol y la piel del hombre, las formas anatómicas humanas y la vejez de la madera se funden en una unidad tan orgánica como la del cuerpo mismo en las cinco masivas piezas que ocupan -y cómo- la galería Cornión con ocasión de su actual exposición, «Torsos». La maestría del leonés Amancio González, su conocimiento profundo de la materia que ha trabajado y de la anatomía, se han aplicado a varios cortes del tronco de un gran roble para esculpir unas poderosas figuras que muestran su contemporaneidad en los heterodoxos cánones de belleza que manejan, en su osadía técnica, en la franqueza y el respeto con el que asumen los rasgos e impurezas de la madera. Pero al tiempo los «Torsos» de Amancio apuntan también de modo irresistible hacia el clasicismo en su esfuerzo por imponer a la naturaleza una forma nítida que al tiempo la humaniza y la diviniza. De hecho, estos cuerpos truncados (y «truncados» viene de «tronco») evocan viejos restos arqueológicos, como fragmentos que se hubiesen exhumado no de la tierra, sino de la madera; mitologías no representadas, sino presentes, como mortales transformados en roble en alguna de las Metamorfosis de Ovidio. 

Talento emergente, juventud, intensidad: la recién nacida galería gijonesa Adriana Suárez parece querer afianzarse en esta triple apuesta a jugar por lo que mayoritariamente ha exhibido desde su inauguración el pasado mes de julio. Y por los valores en los que insiste en las dos muestras que ocupan estos días su céntrico primer piso con vistas al Parchís. En su caja negra, la gijonesa Izaskun Escandón debuta con «Aún (2010)» una videoinstalación -viejas puertas apiladas, aparentemente inútiles, bloqueadas- que sin embargo proporcionan finalmente, en su lejano fondo, el acceso a un recuerdo emimentemente físico, a unas sensaciones elementales tan orgánicamente arraigadas como el frío y el calor. Su instalación construye así una inquietante alegoría acerca de la estructura profunda y el funcionamiento de la memoria. Fuera del cuarto oscuro, el joven pintor ovetense Ernesto Junco despliega a plena luz sus «Tramas», una seductora colección de pinturas -en pared y también en formato expandido, a modo de instalación, en algún caso- que indagan con tanta delicadeza poética como rigor obsesivo en la dialéctica entre orden y caos, perfección e imperfección, racionalidad y organicidad. Sus estarcidos aparentemente geométricos no lo son tanto, y manifiestan claramente el modo en que el lastre de la materia acaba perturbando la idealidad de su orden; y del mismo modo, los ricos fondos, que beben de una tradición que va del postimpresionismo al «action-painting», acaban por manifestar algún tipo de orden oculto, misterioso y poético que se refuerza en su relación con las tramas y ritmos que Junco les sobrepone y que desborda a veces el campo pintado e incluso el propio cuadro. También hay aquí una alegoría en potencia sobre la imposibilidad de categorizar el azar y sobre permanente incitación que invita a intentarlo, a pesar de todo. Mediante el arte, por ejemplo. 

Si el corazón manda hay que hacerle caso; pero eso no excluye hacerlo con cabeza. Los dos componentes -pasión y criterio- quieren darse la mano en el proyecto con el que Lola Orato acaba de sumarse a la aventura de la difusión y el comercio de arte, que siempre es un poco más aventura en Asturias. La galería que ha bautizado con su nombre acaba de abrir sus puertas en otro centro cordial -el del viejo Oviedo- alimentada por un ánimo que nada tiene que ver con la vetustez; más bien al contrario: tal y como proclama la selección de artistas, formatos y tendencias que Javier Ávila ha reunido en calidad de comisario para la colectiva inaugural - «El corazón manda»-, la intención de la nueva sala es atender todo tipo de manifestaciones artísticas dentro del arco de la contemporaneidad. Las obras de Pedro Fano, Fernando Sáez de Prada, Cristina Ferrández, Javier Soto, Marisa Ruiz Zorrilla, Jesús Zurita Adrián Cuervo, Jesús Portal, Ángeles Agrela y Fiumfoto señalan esos caminos potenciales desde el corazón de la calle Oscura, que en absoluto es, en este caso, el corazón de las tinieblas.

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia