AJIMEZ ARTE

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Jaime Luis Martín

Soñar que hay un futuro

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Publicado en La Nueva España


XXI Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias
Del 7 al 30 de Octubre de 2010
Casa Municipal de Cultura de Avilés

La Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias ha venido durante los últimos veintiún años recorriendo la geografía de lo que llamamos arte contemporáneo asturiano, a la manera de Google Maps con el «street view», permitiéndonos hacer zoom, girar y desplazarnos por las calles artísticas de lo local, descubriendo a creadores de indudable interés. Cierto que en estas aventuras exploratorias se percibe una panorámica muy similar a otros parajes, a pesar de que el arte ha regresado a lo local tras pasar por la fase de globalización, no porque tenga más o menos repercusión en otros ámbitos geográficos, «sino por ese carácter -como señala Iván de la Nuez- de secta que le ha dotado en las dos últimas décadas de una fantasía de perpetuidad».

Pero si algo caracteriza a estos jóvenes artistas seleccionados es la libertad de formatos y de soportes empleados, «en este sentido -cito el texto de Benjamin Weil en Papeles Plástica- la exposición que nos ocupa presenta obras realizadas en prácticamente todos los medios disponibles, en todo tipo de combinaciones y con abundantes referencias a la historia del arte y la cultura en general». Ya se sabe que el arte ha llegado al final de su historia y la cita o el «remix» forman parte, actualmente, de esa continua e inacabable despedida. Este marcharse sin irse, esta aceleración para no llegar a ninguna parte, esta virtualidad tras la que se oculta lo real, este pensamiento arraigado que desconoce las «afueras», este mundo siniestro sin alternativas, son los distintos cruces que atraviesan estos creadores y que tratan de reflejar en unas propuestas de innegable calidad.

Las esculturas mecánicas de Alicia González-Lafita Pérez, Premio Asturias Joven de Artes Plásticas en la presente edición, evocan los trabajos de Jean Tinguely, pero la mirada del artista, a pesar de que sigue conservando una desconfianza hacia la máquina, se resuelve en territorios narrativos e históricos, con un transfondo científico como argumento conceptual de una propuesta que destaca por su carácter reflexivo y una magnífica puesta en escena. Las fotografías de Noé Baranda son novelas. Bien sea en la serie «Casa de fieras» (2007) o en «Un metro cuadrado de tristeza» (2010) invita al espectador a participar en la lectura de unas historias inquietantes, en otra realidad que el artista construye con delicadeza, cuidando esa intimidad que se encuentra presente en toda su obra. Los videos de Adrián Cuervo, recientemente ha recibido el premio «LABJoven Experimenta», de una intensa levedad poética manipulan la realidad y relacionan diferentes disciplinas, para reflexionar sobre la representación.

La obra de Manuel Griñón se encuentra contaminada de registros expresionistas y oníricos. Sus monstruosos y marginados, pertenecen a un paisaje de lo absurdo, contaminado de humor. Las performances de Noemí Iglesias guardan relación con el lugar que recorre desplegando una serie de gestos efímeros que quedan registrados fotográficamente. La obra de Santiago Lara acaricia el surrealismo y afrontan el papel de la pintura en la actualidad, un espacio, todavía, abierto a la reflexión, capaz de generar ficciones, apoyadas en el dibujo y el color, de una gran intensidad. Enmarcadas en la tradición pictórica de las «vanitas» pueden entenderse las fotografías de Iraida Lombardía. Pero esta artista que cuida las formas hasta conseguir bodegones de perfecta factura siempre tiene un pie en el concepto, que desborda cualquier intento de reducir su obra a lo formal. El trabajo de Lucía Rivero se desarrolla en torno a la percepción, con un tratamiento muy minucioso de la imagen y una preocupación por la belleza, que se resuelve en videoinstalaciones que funcionan como pinturas.

Pocas veces, como ahora, el arte ha estado tan presente en el entorno y en pocas ocasiones, como en la actual, ha dejado tal reguero de indiferencia. Algunos piensan que se ha ensimismado, otros que se ha vuelto demasiado político, hay quienes creen que se ha entregado a la tecnología y ha perdido la emoción, otros que estamos saturados de imágenes y todas se vuelven iguales e indiferenciadas. Y, sin embargo, estos jóvenes artistas, siguen soñando que hay un futuro para el arte.






 

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