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Mariano Navarro

Realidad en tránsito

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Publicado en El Cultural

Pasajes. Viajes por el hiper-espacio
Comisarios: Daniela Zyman y Benjamin Weil. LABORAL. Los Prados, 121. Gijón. Hasta el 21 de febrero.



Tras los fallidos intentos de que la Colección Thyssen-Bornemisza Art Contemporary (TBA21) se incorporara a la programación de la sede madrileña del Museo Thyssen, sus responsables, empezando por su propietaria Francesca von Habsburg, hija del fallecido barón Thyssen, han optado por presentar una parte seleccionada de sus fondos en un centro especialmente destinado a la experimentación y la creatividad vinculadas a la industria como es LABoral de Gijón. La estrecha colaboración entre la conservadora de la colección, Daniela Zyman, y el comisario jefe, Benjamin Weil, un ejemplo de sensatez y compromiso por ambas partes, ha llevado a una estricta elección de las piezas y a una propuesta museística que, sin ser pionera ni rompedora, es la más propicia para el objetivo de la exposición y la contemplación de las obras, aprovechando las enormes salas disponibles para un montaje diáfano, sin paneles divisorios.

Pasajes. Viajes por el hiper-espacio es una invitación al paseo, al tránsito de una pieza a otra sin perder nunca la interrelación entre ellas ni el diálogo ininterrumpido que proponen con la arquitectura del lugar, que provoca “un experimento de transformación”, según Zyman y pretende “señalar la complejidad de ‘realidad', que no se refiere sólo a nuestro entorno directo, sino también a lo que no vemos”, según Weil. Una realidad en perpetuo proceso de transformación y adopción de significados.

Si bien es cierto que la exposición se abre con una tan desmesurada como prescindible instalación de Cerith Wyn Evans, la primera sala invita ya a una participación activa del espectador con la obra de Jeppe Hein y, especialmente, con la pieza Your uncertain shadow (2010) de Olafur Eliasson, un juego de luces que sólo existe cuando el espectador se sitúa frente a los focos de colores que proyectan su incierta sombra coloreada sobre el muro de la sala. Ya en la segunda sala, destaca la intervención de Los Carpinteros, un simulacro del estallido de un muro de hormigón, cuyos fragmentos se dispersan y condicionan el espacio de deambulación del visitante. Las tres pantallas que exhiben Ilusión de la primera vez, de Haluk Akakçe, dialogan con la impresionante escultura “blanda” de Ernesto Neto, Esqueleto-Glóbulos, y ambas dan la palabra a la lámpara de lágrimas y creencias olvidadas de Ai Weiwei. Las parejas de artistas Janet Cardiff & Georges Bures Miller y Michael Elmgreen & Ingar Dragset, ponen el giro irónico que atañe a lo humano y sirven de preludio de la instalación Related Legs (Yokohama Dandelions), 2001, de Pipilotti Rist.

Pero seguramente es en la sala baja del centro de arte donde se solidifican las intenciones generales de esta exposición. Allí encontramos la gran escultura de acero de Doug Aitken, No History (2005), la pieza por excelencia de esta exposición, así como Y (2003), la pasarela lumínica de Carsten Höller, ambas obras realizadas con espejos para engullir al espectador en su seno. Junto a ellas encontramos los dibujos de Maurizio Cattelan, los primeros vídeos de Sergio Prego y las construcciones lumínicas de Carsten Nicolai, que dan paso al monstruoso laberinto doméstico de Monika Sosnowska. En sí, un pasaje hipnótico.


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