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Juan Carlos Gea

Cornucopia del dios oscuro

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Lidó Rico transforma el altar y los muros de la capilla de la Trinidad en una desgarrada alegoría del dinero como divinidad y fuerza tiránica de este tiempo



Publicado en La Nueva España


Pocas veces ha resultado tan impactante y expresiva una relectura del antiguo espacio sacro de la capilla de la Trinidad como en Curso legal, la intervención escultórica del artista murciano Juan Ramón Lidó Rico (Yecla, 1968) que estos días ocupa el espacio más peculiar del Museo Juan Barjola. El artista ha transformado el gran paño blanco del altar, una de las hornacinas y parte del muro que la rodea en soporte y también parte integrante de una desgarrada alegoría de la subyugación del ser humano por la fuerza que Lidó Rico denuncia como el dios oscuro de este tiempo: el dinero. Una potencia omnímoda en su malignidad, encarnada en la gigantesca y familiar forma del símbolo del euro, que «Curso legal» enaltece como divinidad al inscribirla sobre el frontal de la capilla en un gran relieve donde se mezclan decenas de cabezas y miembros humanos que emergen agónicamente del muro entre lingotes de oro, libros sagrados, teléfonos y otros objetos cotidianos. 

Esa especie de perversa cornucopia es el centro de una obra que se completa con el conjunto de figuras que brotan de una hornacina y aparecen dispersas por el lateral del antiguo templo. En todos los casos, Lidó Rico se apoya en las constantes formales y conceptuales que han hecho inconfundible su trabajo: el uso de altorrelieves hiperrealistas en los que el molde es invariablemente el rostro y el cuerpo del artista mostrando expresiones desgarradas, dolorosas, violentas o grotescas, y que se implantan directamente sobre el muro, de cuya abstracta blancura parecen brotar en un desesperado intento de agresión o de huida. Mientras algunas de ellas aparecen cubiertas por pasamontañas -en una obvia alusión que une al ladrón, al terrorista y al anónimo espíritu de la «confabulación entre comerciantes» que denuncia abiertamente Curso legal- otras se muestran como anónimas manifestaciones del sometimiento o del dolor. 

Ese procedimiento de trabajo, que remite constantemente al propio cuerpo como origen de la creación artística y a la vez lo enajena para representar el drama universal del hombre contemporáneo, conecta con la intensidad física y dramática de la performance, tal y como queda claro en el vídeo que acompaña la intervención. En él se muestra en toda su intensidad el agónico proceso de confección de las figuras, en cuya materia se sumerge y se entierra el artista. A la vez Lidó Rico se alimenta directamente de la fuerza de la escultura helenística, Miguel Ángel y el barroco más violento, de la imaginería religiosa, las catacumbas y los exvotos, y también de la ironía épica de referencias más próximas, como el Robert Longo de las Corporate Wars. 

Completa la muestra la instalación «Bombas de racimo», en la que el artista yeclano se centra en otro de los emblemas barrocos por excelencia, la calavera, que también aparece profusamente en «Curso legal», a veces evocando piedras preciosas o joyas. Lidó Rico ha ocupado el vestíbulo principal del Museo Barjola con una gran espiral de cráneos transparentes rellenos de otros cráneos más pequeños, que componen una vertiginosa e infinita danza de la muerte de la cual parece imposible sustraerse.


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