AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Jaime Luis Martín

Paisaje textual

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Publicado en La Nueva España




Ana de la Fuente
Sopa de letras
Del 23 de Septiembre al 13 de Octubre
Galería Amaga

Aunque se auguró la derrota de lo textual a manos de lo visual, lo cierto es que durante todo el siglo XX ambos discursos convergieron en numerosas ocasiones, afianzando la complicidad que mantuvieron siempre la literatura y la plástica. Se atribuye a Simónides de Ceos la reflexión de que la pintura es poesía muda y la poesía una imagen que habla. Y desde los cubistas a los dadaístas, desde los futuristas a los conceptuales, el idilio entre el texto y la imagen ha sido un ingrediente fundamental en la realización de un gran número de obras. Actualmente artistas como Jenny Holzer, Barbara Kruger o Rogelio López Cuenca se sirven de la palabra y la imagen para desarrollar un discurso que mantiene un fuerte componente político.

Con «Sopa de letras» Ana de la Fuente (Trasona, Corvera de Asturias, 1963) se incorpora a esta larga tradición, enmarcada en una lógica experimental que la artista ha mantenido desde sus inicios, cuando utilizaba madera mezclada con cola y pigmentos para construir sus ciudades invisibles y que, posteriormente, derivaron en ciudades de hierro, con ese material como protagonista de los trabajos. Pero en su última exposición individual, realizada en la galería Texu en el año 2009, ya abrazaba referencia históricas, abandonando lo óxidos de sus prácticas anteriores por el papel y el color; una etapa que ya había iniciado algunos años antes y que le valió la mención de honor en el XXXVII Certamen Nacional de Arte de Luarca con un trabajo que homenajeaba a Calder.

En toda su obra la artista mantiene como un elemento esencial el «collage», y en esta última serie el dominio técnico se hace más evidente, combinando recortes de letras, frases, fotos de prensa y alambre, en composiciones bien resueltas que dificultan la legibilidad textual e icónica. Son montajes estetizantes, con una gran variedad de texturas y materiales, resueltos mediante un lenguaje fragmentado que aísla cada letra, aunque en la mayoría de las obras aparecen palabras o breves frases a modo de revelación. Se pretende una cierta ocultación de los vocablos para que el espectador indague visualmente en esta espesura textual y construya el mensaje. Sobre las palabras se yuxtapone una maraña de alambre coloreada que aporta volumen y profundidad espacial y enriquece la atmósfera del cuadro subrayando la ruptura y la discontinuidad, representando, según indica la propia artista, una metáfora del pensamiento. Pero en todo momento se mantiene una contención en el color: rojos, blancos y negros configuran el principal muestrario cromático.

Ana de la Fuente no pretende cerrar el mensaje sino desvelar una visión en estos islotes de letras que tienen su origen en sentimientos, aconteceres o noticias que la artista ha incorporado a su discurso. A veces se sirve de expresiones conocidas como «prohibido prohibir» o «el pozo de los deseos» para sumergirnos en una relectura que aporte nuevos significados, o bien salpica la superficie de palabras que nos obligan rebuscar entre las emociones el sentido de este caótico despliegue textual. El discurso de Ana se ha individualizado, se ha hecho más personal y atractivo, con presencia y sobre todo con algo que contar, aunque se encuentra oculto en la sopa de letras.








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