AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

Inmersión en lo cromático

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Publicado en La Nueva España


Benjamín Menéndez
Al rojo vivo
Del 9 de Septiembre al 9 de Octubre     
Galería Adriana Suárez
Plaza del Instituto, 7, 1º dcha. Gijón

La contemplación y la sutileza se encuentran muy presentes en la obra de Benjamín Menéndez (Avilés, 1963) que lejos de entregarse a la desesperación que sacude este inicio de milenio como si viviésemos en un Apocalipsis creativo, abraza, sin ningún complejo y con placer, la pintura, explorándola en todas sus posibilidades. Y lo hace, incluso, desplegando una vitalidad sorprendente, como ocurre con las obras que presenta en la recién inaugurada galería Adriana Suárez.Benjamín siempre ha deambulado por la cerámica, la pintura, la escultura, el vídeo, la instalación y la obra gráfica, creando en entorno visual difícil de abarcar que lo aleja de cualquier postura nihilista. Muy al contrario, toda su obra es una celebración de la materia y una fiesta para los sentidos. Si tomamos como ejemplo su pintura, que recorre geometrías, formas abstractas, anhelos paisajísticos, y maneja muy diversas técnicas con el único fin de continuar la expresión, entenderemos que lo realmente importante para el artista es atravesar el desierto que nos incomunica, sirviéndose del arte como único recurso.

Esta exposición consta de una serie de ocho obras realizadas en el año 2008 agrupadas bajo el título de «Al rojo vivo», varias acuarelas y una instalación protagonizada por conos de diversos tamaños recubiertos de papeles de distintos colores. Si en la pinturas y «collages» trata de conmover, introduciendo lo familiar en algunas telas como sucede en «Rojo Mariposa» realizada con la participación de su hija, en las acuarelas sobre papel se vuelve más íntimo; pero en todo caso los cuadros de Benjamín parecen cocidos a fuego lento, dejando que reposen las experiencias, como si quisiera atesorar el poso de las numerosas perdidas que ha sufrido el arte contemporáneo y que irremediablemente le ha conducido a un presente de una hondura indecible.

Existe en Benjamín una nostalgia del paisaje, ya sea abstracto, reducido a formas geométricas o más fiel al territorio, asentado sobre vivencias pero, en cualquier caso, su pintura es una acumulación de miradas que aúna experiencias, viajes, nostalgias, revueltas estéticas y un malestar interior producto de la continua agresividad del hombre a la naturaleza. En sus cuadros aparecen cuadrículas, rastros, gestos y un fuego que teje una narración que se mueve entre el amanecer y el crepúsculo, plena de pasión y de color. Un color -las diferentes gamas del rojo- que vinculado a la cocción cerámica se convierte en la esencia de las obras de gran formato, y deviene mas diluido, con una menor intensidad, mezclado con otras luces, en las aguadas que tanto le deben al Mediterráneo. De hecho, Benjamín siempre ha buscado en otros paisajes -Marruecos, Ibiza- una luz que se le negaba en su residencia habitual, en Ferroñes, donde, sin embargo, ha encontrado la serenidad necesaria para recrearse en la contemplación.

Estamos ante un artista que sigue creyendo en las posibilidades de la pintura y que realiza continuas inmersiones en lo cromático buscando sacar a la superficie un paisaje interior rico en emociones.

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